martes, 8 de enero de 2008

Nunca nos "divorciamos" de nuestros hijos

EL DIVORCIO: REGIMEN DE VISITAS Y COMPLICACIONES POSIBLES (SINDROME DE ALIENACION PARENTAL) S.A.P.

Las últimas estadísticas señalan que en España una pareja se rompe cada cuatro minutos, ya no resulta extraño tener en nuestro círculo más cercano alguna pareja que se ha separado, nuestro vocabulario se amplía con términos como “pensión alimenticia”, “custodia compartida”, “régimen de visitas”, etc. Detrás de esta realidad se encuentran diversas historias, en los mejores casos los progenitores han podido llegar a un entendimiento para que sus hijos superen el trauma de la separación, en otros muchos este entendimiento no se ha podido dar dando lugar a un gran sufrimiento tanto para los menores como para los adultos implicados.la hora de establecer un régimen de visitas adecuado tras una separación es muy importante tener en cuenta la edad de los menores que estén implicados en el mismo. Cada etapa evolutiva tiene unas necesidades específicas por lo que afectará a la hora de establecer la frecuencia y duración de las visitas así como la existencia o no de pernoctas y cómo distribuir las vacaciones.

La frecuencia es uno de los factores más importantes, sobre todo en menores de corta edad, de forma que cuanto menor sea el niño mayor debe ser la frecuencia. Los niños pequeños, de 0 a 5 años, tienen una memoria a largo plazo muy limitada por lo que su forma de entender el tiempo también lo está, de forma que una mayor frecuencia es la mejor forma de garantizar el apego al progenitor que no ostente la custodia. De igual forma, en niños pequeños es bueno que la frecuencia sea más bien rígida para que se vaya estableciendo un hábito en el niño y así aportarle mayor estabilidad. Cuando los niños se van haciendo más mayores la frecuencia puede ser más flexible. En estas edades los diferentes contextos de socialización (colegio, amigos, etc.) adquieren gran importancia y el menor va ganando autonomía. La frecuencia de las visitas en la adolescencia dependerá también de la interferencia que pueda tener con los estudios del menor o con sus actividades lúdicas. Esta es una etapa evolutiva caracterizada por la “negociación” entre padres e hijos por lo que se recomienda intentar llegar a acuerdos con ellos también en este aspecto teniendo siempre cuidado en no caer en la manipulación de los menores.

A la hora de establecer la duración de las visitas también es conveniente tener en cuenta la edad de los menores, así con niños muy pequeños es preferible que la duración sea corta siempre que se respete una frecuencia amplia, de esta forma se interferirá lo menos posible en sus horarios (comida, baños, siesta, etc.).A partir de la edad preescolar y hasta el inicio de la adolescencia, es importante que la duración de las visitas sea mayor. De esta forma el progenitor no custodio podrá implicarse en todos los aspectos de la vida del menor (educación, puesta de límites, ocio, etc.) y compartir así más actividades con éste. En la adolescencia, y de igual forma que nos referíamos a la hora de comentar la frecuencia, es necesario tener en cuenta las necesidades propias de esta edad. El adolescente es más autónomo y su vida pasa de estar centrada en su familia a centrarse en sus amigos. Es por esto que hay que intentar llegar a acuerdos en donde se respeten las “actividades sociales” del menor. Si se intenta imponer por parte de los padres o por parte del juez un régimen de visitas rígido puede generar en el menor un rechazo frontal a éste.
A la hora de establecer las pernoctas de niños pequeños es importante tener en cuenta si éstas se van a dar desde el primer momento de la separación, o si ha transcurrido un tiempo largo sin pernoctas desde la separación hasta el establecimiento del régimen de visitas.

En niños muy pequeños, si ambos progenitores estaban presente a diario en el cuidado del menor (cena, baño, acostarlo, despertarlo, etc.), se puede establecer pernoctas desde el principio teniendo especial cuidado en mantener los mismos horarios y rutinas (luz encendida, pañal, etc.) e incluso incluir objetos familiares (peluche, mantita, etc.).En niños en edad preescolar y si no ha habido pernoctas anteriormente o el progenitor no custodio no estaba presente de forma habitual en el momento de acostar al menor y despertarlo antes de la separación, es conveniente que éstas se establezcan de forma gradual. En estos casos es preferible que se vayan iniciando en fines de semana y no en vacaciones para así proporcionar al niño una adaptación gradual.Las pernoctas en la etapa adolescente no suelen aceptarse bien porque suelen afectar a las actividades lúdicas de los menores. Otro aspecto suele ser que los adolescentes quieren tener su cuarto con sus cosas.

Las vacaciones suponen un período largo de separación del menor con uno u otro progenitor por o que no se recomiendan hasta los 3 años. En la medida de lo posible es preferible que se siga con el mismo régimen de visitas establecido normalmente para así garantizar el contacto continuado con ambos progenitores. En la edad preescolar, hasta los 5 o 6 años, se recomienda que se distribuyan en períodos de 15 días alternos. Si esto no fuera posible, otra opción es introducir alguna visita del otro progenitor a lo largo del período vacacional.Durante la adolescencia, y al igual que suele ocurrir en familias en las que no ha habido una separación matrimonial, los menores no suelen aceptar vacaciones largas apartados de sus amigos o actividades lúdicas. En estos casos lo ideal es negociar los planes posibles para las vacaciones.

La primera dificultad que nos podemos encontrar es que haya varios menores en la familia y que tengan edades diferentes. En este caso, y teniendo en cuenta las diferencias de las que hablábamos en el artículo anterior según edades, es importante intentar crear un único régimen de visitas siempre que sea posible para así simplificar los horarios de recogidas y entrega de los menores.

Esta unificación se puede hacer generalmente sin problemas cuando las edades de los menores no son muy diferentes. Sin embargo, cuando la diferencia entre las edades es muy significativa hay que intentar ser más flexible y optar por más de un régimen de visitas. En estas circunstancias es muy importante además tener en cuenta el grado de unión de los menores: si están muy unidos no es conveniente forzar una separación entre ellos. Uno de los errores que se suelen cometer es responsabilizar al mayor de los hermanos del cuidado de los menores, esta situación además de poder derivar en sentimientos de rabia y enfrentamiento entre los hermanos, puede confundir al mayor sobre el papel que debe asumir en la familia. Si por determinadas circunstancias no se pueden establecer más de un régimen de visitas y la diferencia entre las edades es muy significativa se deberá evaluar las necesidades especiales de cada menor y adaptarse más al que más lo necesite.Otra dificultad que puede aparecer a la hora de establecer un régimen de visitas es la existencia en uno de los progenitores, en este caso sería el no custodio, de un trastorno mental. Ante esta situación surgen dudas del tipo: ¿corre mi hijo peligro?, ¿me puedo fiar de que estará bien?. En estos casos el primer paso es realizar una correcta evaluación del estado del progenitor valorando sobre todo cómo puede afectar su trastorno a su capacidad parental, es decir, a su capacidad para cuidar de una forma adecuada y responsable del menor. Una vez realizada esta valoración se establecería un régimen de visitas más restrictivo en función de qué responsabilidades es capaz de desempeñar el progenitor. Si existiese la posibilidad de un apoyo familiar (abuelos, nueva pareja, etc) se podría valorar que el régimen de visitas fuese más amplio. De todas formas es importante en estos casos que haya un seguimiento por parte del Juzgado así como una presentación periódica de informes del estado del progenitor que padece el trastorno para revisar si fuese necesario el régimen de visitas o en su caso suspenderlo.Quizás de todas las dificultades que pueden presentarse a la hora de establecer un régimen de visitas y mantener el buen funcionamiento del mismo, una de las más frecuentes es la existencia de una relación muy conflictiva entre ambos progenitores. Si esta situación se da, es recomendable evitar los momentos de mayor tensión como pueden ser el encuentro de los padres del menor en el momento de recogida o entrega de éste. Una solución podría ser la de buscar un intermediario que realice los intercambios o que éstos se hagan en el colegio o Puntos de Encuentro. De igual forma es conveniente la búsqueda de un asesoramiento profesional que oriente a los padres así como un seguimiento de los menores ante el riesgo de la aparición de síntomas derivados de esta conflictividad parental. Por último, es importante valorar qué hacer cuando un menor no se adapta al régimen de visitas o se niega a cumplirlo. En estas ocasiones surge la duda: ¿le obligo o dejo que se quede en casa?. En primer lugar es necesario realizar una evaluación de la situación para poder determinar las causas de la dificultad de adaptación o negativa del menor. En algunos casos el origen son problemas de conducta (por ejemplo: negativismo) o emocionales del menor que requieren de un abordaje terapéutico en el que se impliquen de forma activa ambos progenitores e incluso con un seguimiento por parte del Juzgado si fuese necesario. Otras de las causas puede ser la dificultad de menor a la hora de separarse del progenitor custodio, siendo entonces necesario que el régimen de visitas de establezca de forma progresiva. Cuando la dificultad deriva de la poca capacidad del menor a adaptarse a situaciones nuevas lo más conveniente es disminuir la frecuencia de las visitar y aumentar la duración de éstas para compensar.

Una de las situaciones más traumáticas es cuando se observa en un menor el Síndrome de Alienación Parental (SAP). El SAP definido por Richard Gardner en 1985 es “un trastorno caracterizado por el conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante distintas estrategias, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”, es decir, uno de los progenitores manipula al menor con el fin de que éste rehace al otro.

Es importante señalar que el SAP se diagnostica en los menores cuando esta manipulación ya se ha producido, es decir, no es suficiente que el progenitor alienador lleve a cabo una conducta de manipulación, sino que es necesario que esta conducta realmente tenga efecto. Lamentablemente esto hace que la intervención psicológica para reparar el daño sea muy complicada ya que nos encontramos con menores convencidos de que su odio hacia el progenitor alienado está totalmente justificado.El SAP aparece en un menor tras un proceso que puede variar en el tiempo según los casos, cuánto más tiempo pase el progenitor manipulador con su hijo, más tiempo tendrá para desarrollar su campaña de injurias y desacreditación. Lo que más llama la atención en el SAP es la ausencia de ambivalencia en el odio del menor, es uno odio similar al de un fanatismo terrorista. Frente a este odio, el menor suele considerar al progenitor alienador como una persona sin ninguna tacha, una víctima vulnerable a la que tiene que defender. Además, cuando al menor se le sugiere que puede haber sido en algún modo manipulado, se defiende asegurando que siempre ha pensado así y que nadie le ha dicho lo que tenía que pensar.En numerosas ocasiones este odio que siente el menor, y que carece de todo sentimiento de culpa, se extiende a todo el entorno del progenitor alienado como pueden ser os abuelos, los primos, amigos, el domicilio del progenitor o la nueva pareja.El progenitor alienado recibe este ataque por parte de su hijo inicialmente con gran estupor y posteriormente, cuando va viendo cómo pasa el tiempo y la manipulación aumenta, con gran frustración e indefensión. La lentitud de las decisiones judiciales contribuyen en muchos casos a aumentar esta sensación al no encontrar medios para parar este proceso manipulativo.En la mayoría de los casos en los que son varios los menores implicados la manipulación se extiende a todos ellos con el fin de que hagan un frente común hacia el progenitor alienado.El SAP tiene serias consecuencias a largo plazo. En los casos en los que la intervención es efectiva, por un lado el menor tiene que enfrentarse a un fuerte sentimiento de culpa por su enfrentamiento con uno de sus progenitores y por el otro tiene que reconocer que la persona en la que confiaba ciegamente lo ha utilizado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya me asomé a tu ventana Feli!!!!!! cuenta con mi ayuda en lo que necesites de ampliar o lo que se te ocurra en relación a este blog....bueno en lo que necesites!!!!! Besos. Marta

Vicky Nottinghan Ros dijo...

Hola Feliciano, soy la madre de una niña que estuvo hace poco en tu consulta "PRN" Ya la ha visto tambíen el Neurologo y le han diagnosticado deficid de antencion y bueno ya la van a ver en la E.O.E, como me recomendaste y la van a medicar. He visitado varias veces tu bloq y he dado con este articulo que como ves me viene como anillo al dedo y me ha ayudado bastante a entender la actitud de mi hija e incluso a cambiar un poco la actitud nuestra hacia ella. ¡ GRACIAS ES UN ARTICULO MUY BUENO, SIGUE ASI!!!!